Escucha el gran ¡Yo soy!

Semana 4

Escucha el gran ¡Yo soy!

28 enero 2019 Descarga el estudio

“Yo he estado pendiente de ustedes. He visto cómo los han maltratado en Egipto. Por eso me propongo a sacarlos de su opresión.”  Éxodo 3:16-17 (NVI)

 

Algo en que pensar

 

A pesar de los tiempos difíciles, tanto Moisés como a las parteras, decidieron hacer lo correcto y ver por el bien de su prójimo, antes que el propio. Esto no quiere decir que no hubo momentos, donde hubiese sido más fácil ignorar el problema que hacer algo a respecto; por ejemplo, Moisés, a pesar de haber crecido en el palacio como un futuro príncipe de Egipto (siendo étnicamente israelita) él no creía que estaba lo suficientemente capacitado para liderar este éxodo que resultaría en la liberación del pueblo. Sin embargo Dios se reveló a su vida y le dió a conocer la carga que había en su corazón por traer libertad, vida e infundir nuevas fuerzas a un pueblo que vivía en esclavitud, desaliento e ignorancia del Dios que veía por ellos. Moisés fue capaz de sobrepasar aquellas dificultades que él veía en sí mismo y decidió creer en la promesa de Dios. Al tomar estos pasos de fe, él vió el poder de Dios manifestarse en todo su poder para al fin traer libertad a su pueblo.


Quizá si Moisés hubiera rechazado este llamado, Dios hubiera buscado a alguien más para hacer su obra, así como nosotros hoy en día, tenemos la responsabilidad como creyentes de unirnos al sentir del corazón de Dios al buscar ver la libertad en aquellas personas que viven en opresión, en ser embajadores del reino de Dios y establecerlo en justicia, misericordia y compasión viendo más allá de las necesidades propias, esto resulta en ver el poder de Dios trabajando en las vidas de miles de personas que lo necesitan y poder vivir de manera que verdaderamente reflejamos la naturaleza y carácter de Dios, ya que Jesús mismo dice: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Juan 13:35

 

Desarrollo

 

“Han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas, y he visto también cómo los oprimen los egipcios. Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo.”  Génesis 12:1-4

 

Después del tiempo de los Patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, sus descendientes continuaron creciendo, y fueron establecidos en Egipto, en la tierra de Gosén durante el tiempo de José. Los Israelitas crecían y se multiplicaban, de tal manera que cuando surgió el Rey de Egipto, se vió amenazado ante el pueblo de Israel que habitaba en su tierra, se determinó a someterlos convirtiéndolos en esclavos. (Ex. 1)

 

Esta esclavitud duró alrededor de 400 años donde al pueblo de Dios se le impuso a trabajos pesados y labores de campos, de tal manera que el clamor del pueblo fue escuchado por Dios y Él se dió a la tarea de liberar a su pueblo de la opresión que estaban viviendo. Lo primero que sucede es que Dios busca revelarse a ellos como el gran “Yo Soy”, el Dios de sus antepasados que no se ha olvidado de ellos y que ha visto el sufrimiento de su pueblo y está listo a hacer algo al respecto.

 

Lo segundo que sucede es que Dios decide traer esta liberación usando a diferentes personas que escuchen y obedezcan a Dios, aun arriesgando sus propias vidas, para ver a su prójimo libre, teniendo compasión y misericordia trabajando en unidad con el mismo sentir del corazón de Dios después de reconocer la necesidad del pueblo. Uno de estos personajes es Moisés, un israelita que fue adoptado por la princesa de Egipto, pero por las difíciles circunstancias debe huir de Egipto por 40 años, pero a quien Dios llama en el desierto para encabezar esta estrategia de liberación (Ex.3-4).

 

También vemos dentro de esta inicial historia a dos parteras hebreas, Sifrá y Fuvá, las cuales arriesgaron sus vidas al proteger la vida de los bebés varones que nacieron en Egipto después de que el Faraón había dado la orden de asesinar aquellos bebés hebreos hombres, mientras a las niñas se les permitía dejar con vida. Estos personajes escogieron servir a Dios e hicieron lo correcto teniendo compasión por su prójimo dentro del lugar de influencia en el que estaban.

 

1. Conociendo al gran "Yo soy"

 

“Diles esto a los israelitas: El Señor, el Dios de sus antepasados, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me ha enviado a ustedes. Este es mi nombre eterno; este es mi nombre por todas las generaciones” Éxodo 3:15

 

Dios da a conocer su nombre, esto es significativo, ya que los Israelitas después de 400 años habían olvidado quién era el Dios de sus antepasados quién había dado la promesa de ser su pueblo, liberarlos y darles una heredad. El nombre de Dios está ligado con su carácter y naturaleza. Dios es eterno y no cambia, “es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hb. 13:8). Al estudiar la Palabra, Dios revela quién es; un Dios de amor, justicia, compasión, que prefiere la misericordia antes del juicio. Si Dios no cambia, y su nombre es eterno, tampoco su habilidad y búsqueda de atraer a la humanidad a sí mismo, trayendo libertad, sanidad, provisión de toda clase para darse a conocer y entablar una relación eterna con nosotros y establecer su reino en este mundo.

2. Reconociendo la necesidad

 

Moisés siendo también Israelita, aunque no estaba pasando por la misma opresión en la que estaban el resto del pueblo, sabía que no podía ignorar lo que estaba sucediendo. Dios lo llama, le da la estrategia y le dice “Yo estaré contigo”. ¿Cuántas veces hemos visto la necesidad que nos rodea y que hemos hecho al respecto? No se trata de buscar ser héroes que buscan reconocimiento, sino de ser sensibles a las necesidades de nuestro alrededor y buscar ver a las personas y sus circunstancias de la manera en las que Dios los ve. La presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas nos alerta y pone en nosotros la capacidad de ver las circunstancias cómo Él las ve y nos llama a tomar acción así como Él lo hace día con día y cómo lo ha hecho también con nosotros mismos.

 

3. Verdaderos embajadores de Dios

 

La iniciativa debe ser algo que nos caracteriza como pueblo de Dios. No podemos pretender “conocer a Dios” pero no ser un reflejo de quién es Él. Jesús dice en el nuevo testamento:

 

“Maestro, ¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Mateo 22:36-39

 

Jesús dice que cómo nosotros vemos y amamos a Dios, está perfectamente ligado en cómo vemos y tratamos a los demás. Jesús no busca que lo impresionemos con grandes predicaciones, milagros, obras para obtener reconocimiento. Él dice “vayan y aprendan qué significa esto: Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mt.9:13). Dios nos llama a servir en amor, misericordia, compasión, justicia, bondad, generosidad, etc. No solo a quienes nosotros creemos que son “dignos” de recibir sino a todos. Dios no hace a nadie a un lado, y tampoco deberíamos nosotros. Debemos de ser un reflejo de la misericordia que a nosotros se nos ha sido mostrada también, ya sea en las cosas del día al día y en lo que conlleva un mayor nivel de entrega.

 

Preguntas de reflexión

 

Moisés tenía necesidades y circunstancias propias, así como también las parteras, sin embargo entendieron la diferencia que hacía el ver más allá de sí mismos y tomar acción para buscar el bienestar de quienes los rodeaban.

 

  1. ¿He sido consciente de el precio que se pagó por mi libertad?

  2. ¿Cómo he demostrado mi agradecimiento a Dios por todo lo que ha hecho por mí?

  3. ¿Cuál es mi lugar de influencia donde puedo poner en práctica estos principios?

  4. ¿Qué cambios puedo hacer en mi vida que reflejen un verdadero amor por los demás?

  5. ¿Cuándo se presenta una oportunidad de ayudar a los demás, cuál es mi reacción inicial y como puedo pedirle al Espíritu Santo que me vuelva más sensible?

 

Ministración

 

Guía a tu célula primeramente a tener un tiempo de acción de gracias. El agradecimiento es una actitud del corazón donde habita la alabanza y adoración a Dios por quién es Él y por lo que ha hecho por nosotros. No podemos olvidarnos de lo que nos ha sido dado y de lo que ha sido hecho por nuestra libertad, sanidad y redención. Así mismo es importante reconocer aquellas ocasiones y actitudes negativas que hemos tenido en desobediencia a Dios, falta de cuidado por los demás y por el egoísmo que hemos permitido que sea un impedimento para reflejar el amor sincero al prójimo. Pídele al Espíritu Santo que cambia nuestra manera de pensar y de sentir, que cambie nuestros corazones de piedra por uno de carne, que busquemos ver más allá de nosotros mismos y que al hacerlo, podamos ver el poder manifiesto de Dios en la vida de los demás.

Toma acción

 

Cada uno de nosotros tenemos circunstancias diferentes, sin embargo todos estamos llamados a ser personas de influencia y cambio en el lugar en el que estemos. Junto con tu célula, (ya sea como grupo o personal) tengan un tiempo donde puedan dar ideas y motivarse para tener un plan de acción donde cada quien se comprometa a poner en práctica este principio de amor al prójimo y que sea un tiempo de reflexión y de tomar iniciativa.